TX Metronews - шаблон joomla Продвижение

Essa: la cuota antioqueña en Santander

Por: Stephany Correa Arenas

 

“Eh, Ave María pues, ¡mano!”

La compra de EPM a la Electrificadora del departamento supuso un cambio completo para las personas integradas a la empresa. ¿Cómo pasar de la arepa amarilla a la blanca sin sal?

José Jiménez es más antioqueño que los fríjoles con garra. Amalfitano de nacimiento, pasó treinta años de su vida trabajando en las Empresas Públicas de Medellín en la capital paisa. Comió durante diez años en el mismo restaurante, vivió en Sabaneta veinte y tres décadas fue sagradamente a la iglesia de su pueblo el último fin de semana de cada mes. 

Como Jefe de Operaciones de Red Eléctrica, José tuvo que afrontar muchos cambios en su vida. Cuando EPM compró la Electrificadora de Santander, le fue encargada la complicada misión de supervisar el desarrollo de este ámbito en la nueva adquisición de la organización. “Evidentemente tendría que mudarme a Bucaramanga. Nunca había ni siquiera visto el Cañón del Chicamocha en mi vida”, expresa.

A sus 52 años, José cambió su residencia al Oriente del país, organizó su oficina entre un ingeniero malagueño y una topógrafa de Puerto Wilches, y se dispuso a trabajar. Con su sonrisa más grande y la puerta abierta de par en par, conoció a su equipo de trabajo. “Todos estaban muy serios”, recuerda. “Cuando el primero me habló, me ‘aturdió’ que hablara como peleando”.

Con el tiempo, Jiménez se acostumbró no solo al acento golpeado, sino a las tradiciones santandereanas, su gastronomía y la tenacidad de su trabajo. “Son muy ‘berracos’, luchadores, frenteros, personas que le ponen el pecho a los problemas”, asegura. “Al principio me costó ver que lo ‘bravos’ es pura impresión de uno: son más ‘buena papa’ que nadie”.

Bienvenidos a ‘paisalandia’

“Uno tiene muchos prejuicios: que si los paisas son así o asá. Al inicio hubo ciertas cosas raras, pero luego ya cuando nos acostumbramos. Hasta se nos pegó el ‘ome’ y a ellos el ‘mano’”, explica entre risas Gilberto Pantoja, auxiliar de contabilidad. Los colaboradores de esta división de la Essa tuvieron varios cambios y muchos nuevos compañeros importados directamente desde Medellín.

Según la última encuesta de Cultura Organizacional aplicada por el Departamento de Comunicaciones de la Essa, el 83% de los colaboradores señalan su satisfacción respecto a la sinergia entre EPM y la Essa. Además, el 77% considera que los cambios implementados en las relaciones interinstitucionales han impactado positivamente en el desempeño de su cargo.

“Yo resalto que ellos son muy recursivos, no se dejan varar de nada. Y si es cierto que hablan mucho, pero también hace muchísimo y eso es lo importante aquí”, puntualiza Pantoja. Al igual que él, Susana Domínguez, secretaria de esta unidad, opina que sus ya no tan nuevos compañeros han tenido muy buenos aportes al área: “cada cual tiene lo suyo y todos trabajamos ‘hombro con hombro’ para que las cosas salgan siempre bien”, asevera.

Un solo corazón

La sostenibilidad ha sido la apuesta que ha permitido que la Essa se vincule a las dinámicas de EPM y lleve las buenas prácticas de la empresa a cabo en el Oriente colombiano. “Paisas y santandereanos trabajando fuerte por llevar calidad en la energía a los rincones del departamento, ¿qué más podríamos pedir?”, dice Carlos Alberto Gómez, gerente general de la Essa. “Los santandereanos somos de temperamento fuerte y los paisas luchadores por naturaleza. Son habilidades compatibles y eso ha hecho que el personal se integre sin dificultad”, agrega.

Gómez expresa que la fortaleza de la cultura de la organización ha permitido potenciar lo mejor de cada cultura. “Esos valores comunes son el centro de nuestro corazón ideológico. Al estar unidos en un mismo propósito y tener una identidad institucional tan sólida, trabajamos de manera más coordinada. Ese el valor que tiene la integración cultural, y todos los días trabajamos para que nuestros colaboradores conozcan a fondo los diversos aspectos de la misma”, asevera.

José Jiménez ahora almuerza todos los días cerca a la Fiscalía de la capital santandereana, usa Metrolínea para llegar a su casa en el barrio La Aurora y va el último domingo de cada mes a rezar a la Basílica del Señor de los Milagros de Girón. “Eso sí, la bandeja paisa no falta en mi casa, ni la arepa blanca al desayuno. Pero le he cogido el gusto a la amarilla de vez en cuando, y mi mujer hasta aprendió a hacer mute”, comenta sonriente.

 

Share
comments